Qué comemos en Rusia. Parte 1: verduras frescas


Todo el mundo sabe que en Rusia hay pocas verduras. Este hecho se debe a la llamada “zona de agricultura de riesgo” que cubre casi todo el territorio del país y sobre todo las regiones septentrionales  y centrales en la parte europea de Rusia y la mayoría de las tierras de cultivo en Siberia. Eso significa que los agricultores nunca pueden garantizar que por lo menos hubieren podido volver todo lo invertido a la plantación cuanto más obtener una cosecha adecuada. Los factores de dicho riesgo son el clima y las cualidades propias del terreno y los suelos. Entre los agentes climáticos destacan las heladas excesivas de invierno, los inviernos de poca nieve (la nieve protege los cultivos de otoño contra la congelación), la llegada temprana de la primavera o el comienzo tardío del otoño, las lluvias excesivas o al revés las sequías prolongadas en verano, etc.

En cuanto a los cultivos empleados con un relativo éxito (sin contar los cereales y las frutas que son un tema especial y lo os cuento el otro día), la mayoría son los que pueden ser conservados durante mucho tiempo, hasta la siguiente primavera: las patatas, zanahorias, cebollas, remolachas,  coles blancas (que son las más resistentes a las condiciones desfavorables del clima y de su conservación posterior), los nabos y ajos. En las regiones del sur también cultivan los maíces y girasoles para los aceites u otros usos. Todos los otros tipos de verduras están disponibles sólo en verano y otoño. Además cultivan ciertos tipos de verdura en invernaderos para el consumo invernal, y si algunas lechugas y hierbas aromáticas son más o menos buenos, los pepinos y tomates de invernadero no son así teniendo un aspecto (y en cierto grado un sabor) de plástico. Por cierto, los rusos apreciamos todo un brote verde tanto que utilizamos mucha cantidad de las hierbas como el eneldo, perejil o cilantro en todo tipo de plato dándoles una importancia de la fuente adicional de vitaminas y minerales.

Durante la última década teníamos buenas relaciones comerciales con todos los países gracias a que teníamos durante todo el año muchas verduras importadas, y sobre todo las frutas y hortalizas de España de muy alta calidad. Aunque algunas plantas seguían estar algo exótico para nosotros (por ejemplo, las alcachofas o los espárragos) y la existencia de otros como las acelgas, borrajas o cardos era totalmente desconocida en nuestro país. Pero desde el año pasado, gracias a la “preocupación” de nuestro gobierno con sus antisanciones hacia la UE incluida España, ya tenemos casi nada de verduras en invierno. En ciertos supermercados grandes como el Auchan podemos encontrar algo por precio de oro y nada más.

Pese a eso, ya tenemos una costumbre saludable consumir las verduras frescas todos los días del año, y ahora por las razones ya mencionadas este invierno necesitamos volver a nuestras raíces (en sentido doble como veis a continuación), es decir comer las verduras (y entre ellas la mayoría son unos tubérculos comestibles) de nuestros antepasados. Por ejemplo, hacemos una ensalada de zanahoria cruda rallada con un poquito de ajo, nueces machacadas y la mayonesa o smetana (que en vuestro caso simplemente puede cambiarse por un yogur griego natural). O la remolacha cocida rallada con ajo, nueces, ciruelas secas picadas y la mayonesa o smetana. Y finalmente algo más exótico para vosotros, el rábano negro o verde.

IMG_20160130_210131a

El rábano negro se usa más como un buen remedio casero contra la tos. Tiene la carne blanca que siendo mezclada con la miel produce un jugo curativo.

IMG_20160130_210312a

Por el contrario, el rábano verde es muy habitual en nuestra dieta tradicional y se usa para comerlo crudo o en algunos casos en platos cocinados.

P1090326a

Para hacerlo en crudo sólo tenemos que lavarlo bien y pelarlo,

P1090327a

rallar con un rallador (o bien pasarlo por un procesador de cocina con un rallador),

P1090328a

sazonarlo con sal a gusto, añadir aceite (en Rusia tradicionalmente se usa el aceite virgen de girasol, que tiene un olor agradable de las pipas de girasol, pero en España no lo vi nunca, entonces el de oliva sea aún mejor)

P1090329b

o mayonesa, smetana o cualquier otra salsa a elegir.

P1090329a

El rábano tiene un sabor muy fresco y algo picante, que se suaviza ligeramente con la adición de un aliño. Si queríais probarlo, hacedlo con un nabo blanco o con un daicón que tienen un sabor muy similar.

Consumir tubérculos comestibles es una tradición tan antigua en nuestro país que aún se refleja en un cuento ruso popular que se llama “Las hojas y las raíces”. Lo he encontrado ya traducido al español, pero allí está la versión muy larga que consiste de dos cuentos enteros. La historia original es mucho más corta y sencilla y la os presento.

260px-___

La foto de Wikipedia https://ru.wikipedia.org/wiki/

Un día un campesino estaba labrando su campo, cuando se acercó a él un Oso y le gritó:
— ¡Campesino, te voy a matar!
— ¡No me mates! — Suplicó éste—. Yo sembraré los nabos y luego los repartiremos entre los dos; yo me quedaré con las raíces y te daré a ti las hojas.
Consintió el Oso y se marchó al bosque.
Llegó el tiempo de la recolección. El campesino empezó a escarbar la tierra y a sacar los nabos, y el Oso salió del bosque para recibir su parte.
— ¡Hola, campesino! Ha llegado el tiempo de recoger la cosecha y cumplir tu promesa — le dijo el Oso.
— Con mucho gusto, amigo. Si quieres, yo mismo te llevaré tu parte — le contestó el campesino.
Y después de haber recogido todo, le llevó al bosque un carro cargado de hojas de nabo. El Oso quedó muy satisfecho de lo que él creía un honrado reparto.
Un día el aldeano cargó su carro con los nabos y se dirigió a la ciudad para venderlos; pero en el camino tropezó con el Oso, que le dijo:
— ¡Hola, campesino! ¿Adónde vas?
— Pues, amigo — le contestó el aldeano—, voy a la ciudad a vender las raíces de los nabos.
— Muy bien, pero déjame probar qué tal saben.
No hubo más remedio que darle un nabo para que lo probase. Apenas el Oso acabó de comerlo, rugió furioso:
— ¡Ah, miserable! ¡Cómo me has engañado! ¡Las raíces saben mucho mejor que las hojas! Cuando siembres otra vez, me darás las raíces y tú te quedarás con las hojas.
— Bien — contestó el campesino, y en vez de sembrar nabos sembró trigo.
Llegó el tiempo de la recolección y tomó para sí las espigas, las desgranó, las molió y de la harina amasó y coció ricos panes, mientras que al Oso le dio las raíces del trigo.
Viendo el Oso que otra vez el campesino se había burlado de él

Y la versión popular se termina con: “y el Oso se enfadó con el campesino, se fue al bosque y desde entonces nació la enemistad entre ellos”.

 

Anuncios

3 pensamientos en “Qué comemos en Rusia. Parte 1: verduras frescas

  1. Pingback: La ensalada Vinegret | vozdemoscu

  2. Pingback: Qué comemos en Rusia. Parte 5: setas | vozdemoscu

  3. Pingback: Qué comemos en Rusia. Parte VI: shashlik | vozdemoscu

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s