La vida como una especie del arte


Hace poco ya he mencionado a Maximilián Voloshin contando sobre un pueblo de Crimea con un toque bohémico. Hoy se celebra un aniversario luctuoso del poeta, artista, crítico literario y artístico, y además una persona muy extraordinaria, hasta que se considera entre los 100 grandes originales y extravagantes del mundo (de mismo modo como, por ejemplo, Salvador Dalí). Su vida por sí misma es una obra del arte.

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Monumento a Voloshin frente a su casa museo en Koktebel

Nació en Kiev (que en aquella época era una ciudad del Imperio ruso) en 1877 y murió el 11 de agosto de 1932 en Koktebel.  A este pueblo en la Península de Crimea Voloshin primero vino con su madre en 1893. Luego viajaba mucho, estaba en Alemania, España y Francia, pasó mucho tiempo en Paris estudiando artes y asistiendo las conferencias en La Sorbona. Trabajaba mucho para la aproximación de las culturas rusa y francesa, escribiendo artículos en la prensa de ambos países. Durante su larga estancia en Paris tuvo amistad con Diego Rivera que pintó su gran retrato.

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Diego Rivera. Retrato de Voloshin. Desde este sitio.

Este retrato está guardando en la casa museo de Voloshin en Koktebel así como sus propias obras y las de sus amigos pintores.

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Maksimilián Voloshin. “España. Junto al mar”. Desde este sitio.

Koktebel, un pequeño municipio en Crimea, llegó a ser un lugar donde en 1907 decide establecerse Voloshin, aunque todavía viaja mucho a Moscú y San Petersburgo y escribe mucha poesía y artículos de la crítica literaria.

Hay un episodio que muestra perfectamente la naturaleza ingeniosa de Voloshin. Durante el verano de 1909 cuando acogió en su casa en Crimea a una poetisa Elizaveta Dmitrieva, Lilia, como la llamaban sus amigos, inventó una mistificación literaria con ella. Lilia había estudiado la literatura española y la lengua antigua francesa en la Universidad de San Petersburgo, luego había pasado varios cursos en La Sorbona. Ya en Rusia trabajó de profesora y publicó ciertas traducciones de la poesía española, sobre todo la de Teresa de Jesús. Voloshin la convenció publicar su propia poesía de Lilia bajo seudónimo de Cherubina de Gabriak. “Cherubina” irrumpió al mundo poético de Petersburgo como un ejemplo de una española apasionada y una diligente católica con sus versos brillantes y talentosos (a alguna diferencia de sus obras escritas bajo su propio nombre). La revista literaria “Apolo” publicó toda la poesía de Cherubina durante todo el año, hasta que la mistificación resultó revelada por casualidad. Por esta razón Voloshin incluso se batió en duelo a pistolas con el otro poeta importante del Siglo de Plata ruso: Nikolái Gumiliov (por suerte, el duelo no provocó ningún daño para las ambas partes). Toda la historia es muy interesante y merece una entrada especial (avisadme si os interesen conocer los detalles).

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Maksimilián Voloshin. Autorretrato. De Wikipedia.

Después de la Revolución de 1917 Voloshin definitivamente se estableció en Koktebel. Por desgracia, las autoridades soviéticas le etiquetaron como contrarrevolucionario aunque no lo fue nunca, y sus obras no se publicaron hasta el final de la época soviética. Sólo unos amantes de la poesía que tenían relaciones con los círculos de disidentes podrían leerlas en copias mecanográficas. El hecho que todas las poesías de Voloshin han llegado hasta nosotros es un milagro y también las gestiones de su viuda María, su compañera de la vida en Koktebel. Para él fue un lugar muy especial y no ha sido fortuito que lo haya elegido para su residencia. Todo a su alrededor guardaba un espíritu y ciertas huellas de estancia de los griegos en la Edad Antigua que habían fundado sus colonias por toda la península. “Koktebel, – recuerda Voloshin más tarde, – no entró a mi alma de golpe: poco a poco lo reconocía yo como la verdadera país natal de mi espíritu. Y necesité muchos años de vagabundeo por las costas del Mediterráneo para concebir su belleza y singularidad”. Esta tierra se había llamado Cimmería en la antigüedad, y a ella el poeta dedicó muchos sus versos. También aquí fundó llamada escuela de pintura de Cimmería, un corriente artístico regional dentro del cual destacan las obras como de mismo Voloshin tanto de los otros importantes pintores paisajistas rusos.

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Maksimilián Voloshin. La vista de Koktebel. De Wikipedia.

La casa de Voloshin en Koktebel está situada casi en la playa, en la primera línea de la edificación costera. La construyó en 1903 y reconstruyó en 1912, porque le faltaban muchas cosas. La casa nueva fue construida según los planos y dibujos de su dueño. Estaba dotada de un estudio de pintor, una torre para las observaciones astronómicas y todo estaba pensado para la posibilidad de acoger a muchos huéspedes  y para la más posible comodidad de todos.

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Desde las 22 habitaciones de la casa las 15 estaban destinadas para invitados. Cuando venía demasiada gente, el anfitrión hospitalario los acomodaba en su propia parte de la casa. Sus visitantes en su mayoría pertenecían a la clase social de la intelectualidad creativa: los escritores y poetas, los músicos y pintores, entre los cuales estaba toda la flor y la nata de la cultura rusa de la época. Marina Tsvetaeva, Alexey Tolstoy, Nicolái Gumiliov, Mijaíl Prishvin: sería imposible nombrar a todos. Aunque toda la persona, aún inesperada, siempre se encontraba aquí un refugio. Algunos años la casa acogía varias centenas de huéspedes durante un verano. Por supuesto, todos vivían gratis. La única exigencia para los visitantes era “el amor hacia las personas y la aportación de su parte a la vida intelectual de la casa”. En los años penosos de la Guerra Civil Rusa  y la miseria posterior Voloshin acogió a toda la gente, independientemente de la parte o posición que ocupaba en la guerra o en la política. A algunos de ellos así les salvó la vida.

Poco a poco Max, como le llamaba a Voloshin todo el mundo,  logró convertir su casa en una pensión gratuita (llamada la casa de descanso) para escritores y toda la gente creativa. Todas las independencias de la casa siempre estuvieron llenos de los invitados, que pasaban su tiempo libre en conversaciones y contactos permanentes, en los paseos por alrededores de Koktebel que presentaban mucha belleza. Pero los habitantes llevaban la vida llena no sólo de un buen descanso y distracción, sino trabajaban mucho y fructuosamente creando sus nuevas obras. Trabajaban desde el amanecer hasta el mediodía. Por la tarde reunían en las terrazas y verandas, en la torre o en el estudio, recitando las obras recién escritos, mostrando las pinturas recién hechas, hablando del arte, de la música, de las nuevas publicaciones literarias, participando en torneos poéticos. El ambiente de la casa siempre ha sido intelectual y creativo, y eso era lo que atrajo a toda la gente. Por las noches reunían en la azotea de la casa bajo el cielo estrellado recitando poesías y cantando canciones.

Pero lo más interesante era un estilo de la vida que llevaba el dueño de la casa y sus invitados.  Era en muchos sentidos revolucionario. Voloshin, siendo un hombre grande y voluminoso (“los siete pudes de la belleza masculina”, como se llamaba él a sí mismo: 1 pud = 16,3 kg) solía llevar quitón o túnica, sandalias, con un bastón en las manos y una cinta o corona de hierbas en torno de su cabeza. Además el poeta y sus invitados eran los pioneros del nudismo. En la vida llena de trabajo y creatividad tenía su lugar mucho juego, fantasía, regocijo y humor infinito. Chascos y mistificaciones iniciados por el infatigable anfitrión siempre estaban en uso y  con frecuencia servían de pruebas para recién llegados evitando así cierto esnobismo y la razón demasiado juiciosa de la pequeña burguesía.

Así desde el verano de 1911 y para siempre todos los vecinos de la casa formaron un círculo de los vagabundos (“obormotes” en ruso, como se llamaban a sí mismo con buen comienzo de Max), a diferencia de los veraneantes normales. Los obormotes tenían la manera de comportarse muy libre y natural, llevaban la ropa sencilla y cómoda (a distinción de los trajes y vestidos de etiqueta que llevaban los “normales” burgueses aún estando de vacaciones), renunciaban convencionalidades y estereotipos de la sociedad mundana, epataban y escandalizaban a la pública afectada mediante divulgación de rumores sobre sí mismos. Hasta que siempre sostenían la lucha chistosa con los demás veraneantes (entre los cuales también se encontraban unas personas destacadas). En este juego común tenían lugar neologismos y apodos graciosos, cuplés y poemas divertidos, acciones teatralizadas y mucho más. La madre de Voloshin Elena Ottobaldovna, con su apodo Pra (después de interpretar el papel de la matrona – la “pramadre” o bisabuela – de familia numerosa en un espectáculo doméstico) era una participante efectiva de todas las actividades creativas y divertidas en la casa del poeta. Un papel especial en la vida cultural de Koktebel jugó la cafetería “Bubni” (“Los diamantes de naipe”). Los amigos de Max la decoraron por dentro y por fuera: los artistas, entre los cuales eran unos famosos pintores, hicieron dibujos y pinturas en las paredes, y los poetas incluyendo Voloshin añadieron a las imágenes unas inscripciones chistosas en verso.

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Cafetería Bubni. La foto antigua desde este sitio.

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Cafetería Bubni. Un fragmento del interior. Desde este sitio.

“Bubni” también servía un punto de encuentro para la gente creativa en Koktebel. Por desgracia hoy no se ha quedado ni una huella del establecimiento. Pero la casa de Voloshin existe (en gran parte gracias a la viuda del poeta María Voloshina). Después de la muerte de su dueño seguía funcionando como estudio y residencia vacacional (la casa del descanso y del trabajo creativo) para los escritores. Ahora es la casa museo del poeta. Es un sitio muy interesante, y no sólo por su exposición permanente sino por distintas actividades que sus colaboradores organizan a memoria de su dueño y de su pasado glorioso. Las leyendas sobre la estancia del poeta y sus amigos en Koktebel se recuerdan bien hasta ahora. Aquí tienen lugar recitales literarios, acciones teatralizadas, veladas conmemorativas, exposiciones y mucho más.

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6 pensamientos en “La vida como una especie del arte

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