Archivo de la etiqueta: Cuentos populares y folklore

Qué comemos en Rusia. Parte 5: setas


El consumo de setas del bosque en Rusia es una tradición antigua. Las setas siempre formaban la parte considerable de la alimentación en mi país, y sobre todo para los habitantes de los pueblos y aldeas de las regiones del centro y del norte del país y de Siberia. Los bosques de dichas regiones son espesos y  capaces de aportar los distintos tipos de alimentos para los aldeanos. Y desde la primavera hasta el otoño (más exactamente, de finales de abril hasta finales de octubre, dependiendo de la clima de la región y de las variaciones del tiempo) las setas ocupan entre ellos un lugar destacado.

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Qué comemos en Rusia. Parte 3: cereales y granos


Cereales son unos productos básicos de la cocina rusa. Y no sólo usan para preparar pan o empanadas, sino con ellos hacen platos parecidos a las gachas, es decir los cereales cocidos con el agua o con la leche. Este plato se llama la “kasha” en ruso. Un refrán antiguo dice literalmente: “El shchi y la kasha son nuestros alimentos”, pero literariamente lo he modificado algo así: “Los shchis y cereales, nuestras fuentes vitales”. Posiblemente no conocéis todos los tipos de grano que utilizamos en nuestra cocina, y por eso os propongo una adivinanza visual, y la solución encontraréis a continuación. ¿Sabéis qué está en la imagen de arriba?

 

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Qué comemos en Rusia. Parte 1: verduras frescas


Todo el mundo sabe que en Rusia hay pocas verduras. Este hecho se debe a la llamada “zona de agricultura de riesgo” que cubre casi todo el territorio del país y sobre todo las regiones septentrionales  y centrales en la parte europea de Rusia y la mayoría de las tierras de cultivo en Siberia. Eso significa que los agricultores nunca pueden garantizar que por lo menos hubieren podido volver todo lo invertido a la plantación cuanto más obtener una cosecha adecuada. Los factores de dicho riesgo son el clima y las cualidades propias del terreno y los suelos. Entre los agentes climáticos destacan las heladas excesivas de invierno, los inviernos de poca nieve (la nieve protege los cultivos de otoño contra la congelación), la llegada temprana de la primavera o el comienzo tardío del otoño, las lluvias excesivas o al revés las sequías prolongadas en verano, etc. Sigue leyendo